En su propuesta artística, Caruz domina hábilmente los fenómenos y recursos propios del medio pictórico, para abordar las noches de la ciudad-puerto. Amplias manchas de color y un granulado de alta pregnancia capturan la atmósfera de Valparaíso, otorgando también a sus acuarelas una intensidad psicológica y expresiva.
Al otro extremo del día, Pascal Caruz sobrevuela el horizonte nocturno, invitándonos a contemplar desde lo alto y dejar atrás la tierra que nos ancla. Su mirada, delicada y sensible, se desliza con soltura a través de esa bruma de ensueño que a veces parece cubrir la ciudad, especialmente cuando las luces del día mueren y la penumbra nos envuelve.
Con sus suaves acuarelas, Caruz nos muestra una realidad que se rebela ante lo nítido. Los techos y los barcos son apenas insinuaciones, volúmenes que se recortan sobre el azul de la noche, en obras donde la humedad del papel y del pincel se mezclan libremente, creando tonalidades y figuras que solo nacen bajo el engaño de las sombras.