Alvaro Miranda

Para iluminar se debe entrar en las sombras, hay que invocar y dirigir eficazmente la luz, pero la luz también puede ocultar y, en su lugar, la sombra puede revelar aspectos sicológicos que las palabras no alcanzan a contarnos. La pintura, en su misterioso mecanismo y elevados fines, es capaz de susurrarnos al oído, como si fuera un pequeño pajarillo azul jugando a cantar secretos enredados entre las manchas y colores.

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